"Castilla", de Manuel Machado y el Cid
Vamos a comparar dos textos: la primera parte del Cantar de Gesta de Mio Cid y el poema de Manuel Machado "Castilla". En este pasaje el Cid, Rodrigo Díaz de Vivar, ha sido desterrado injustamente y pide alojamiento en Burgos, donde nadie osa a dárselo debido a las graves represalias que tendría (¡si lo hicieran el rey ordenaría arrancarles los ojos y los excomulgaría, cerrándoles las puertas al cielo!). Solo una niña inocente se atreve a dirigirse al caballero para advertirle de que, por mucho que deseen darle asilo, no pueden.
Los versos correspondientes a este pasaje comienzan con "los ojos de mio Cid mucho llando van llorando / hacia atrás vuelve la vista y se quedaba mirándolos" y terminan en "Esto lo dijo la niña y se volvió hacia su casa. Bien claro ha visto Ruy Díaz que del rey no espere gracia".
Después de leer y comprender este texto, comparadlo con el poema "Castilla". Manuel Machado relata ese mismo pasaje pero añadiendo su lectura del cantar:
Castilla
El ciego sol se estrella
en las duras aristas de
las armas;
llaga la luz los petos y
espaldares
y flamea en las puntas de
las lanzas.
El ciego sol, la sed y la
fatiga.
Por la terrible estepa
castellana,
el destierro, con doce de
los suyos
-polvo, sudor y hierro-,
el Cid cabalga.
Cerrado está el mesón a
piedra y lodo...
Nadie responde. Al pomo
de la espada
y al cuento de las picas
el postigo
va a ceder... ¡Quema el
sol, el aire abrasa!
A los terribles golpes,
de eco ronco, una voz
pura, de plata
y de cristal responde...
Hay una niña
muy débil y muy blanca
en el umbral. Es toda
ojos azules, y en los
ojos lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y
asustada.
-
“Buen Cid, pasad...! El rey nos dará muerte,
arruinará la casa,
y sembrará de sal el
pobre campo
que mi padre trabaja...
Idos. El cielo os colme
de venturas...
¡En nuestro mal, oh Cid,
no ganáis nada!”
Calla la niña y llora
sin gemido...
Un sollozo infantil cruza
la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible
grita: “¡En marcha!”
El ciego sol, la sed y la
fatiga.
Por la terrible estepa
castellana,
al destierro, con doce de
los suyos
-polvo, sudor y hierro-,
el Cid cabalga.
(Manuel
Machado)